Cuando el hielo de tu bebida se derrite en cuestión de minutos y buscas la sombra a todas horas, el invierno deja de parecer tan lejano. Sin darte cuenta, empiezas a echar de menos el frío, las montañas y esos días que empiezan antes de que salga el sol.
Y entonces vuelven los recuerdos. La nieve bajo los pies, el silencio de primera hora de la mañana, el aire frío que despeja más que cualquier café. Ponerte la chaqueta nada más levantarte, ajustar los esquís y subir en el telesilla mientras el paisaje se abre poco a poco ante ti.
Todavía no has reservado nada, pero ya estás imaginando cómo será el primer día de la temporada.