Pueblos, mercados y tesoros escondidos
Más allá de las playas, los pueblos del norte de Mallorca conservan siglos de encanto y vida local.
Comenzad por el casco antiguo de Alcúdia, con sus calles empedradas, murallas medievales y mercados llenos de color. Probad una ensaimada en una panadería tradicional, pasead por las murallas para admirar el mar y dejaos llevar por los callejones estrechos sin rumbo fijo.
A pocos minutos, Pollença refleja el espíritu artístico de la isla. Subid los escalones del Calvario para disfrutar de unas vistas panorámicas, pasead por su luminosa plaza principal o visitad las tiendas locales de cerámica y artesanía.
Para disfrutar de la vida cotidiana, acercaos a Sa Pobla, donde las familias se reúnen en las plazas sombreadas para tomar café y charlar. O a Llubí, un pueblo tranquilo, rodeado de olivares y molinos de viento, donde el tiempo parece detenerse; ese es, precisamente, su encanto.
Un poco más al este, Artà combina como pocas la cultura y la naturaleza. Su mercado semanal llena las calles de aromas y productos locales. Las calas cercanas, como Cala Torta y Cala Mitjana, invitan a refrescarse en sus aguas cristalinas y casi desiertas. Podéis pasar allí una tarde tranquila, pasear por el casco antiguo y terminar el día viendo el sol ponerse tras las colinas.
Cada pueblo tiene su propia historia, y juntos revelan una isla que sigue sintiéndose auténtica.