¿Cómo vestir para mantenerte abrigado en la montaña mientras esquías?
El secreto para mantenerse caliente todo el día en las pistas es sencillo: vestir en capas funciona mejor que cualquier prenda exterior por sí sola. Incluso la chaqueta de esquí más gruesa y aislante solo cubre hasta cierto punto. El verdadero calor empieza en la capa más cercana a la piel y todo lo demás se construye a partir de ahí.
Primera capa
La primera capa es la base de todo. Se lleva directamente sobre la piel, evita la humedad y contribuye a tu confort térmico durante todo el día. La lana merina ha sido durante mucho tiempo la opción preferida de los esquiadores: regula la temperatura, evacúa el sudor y resiste los olores, incluso tras varios días de uso. Los materiales sintéticos, como el poliéster, el nailon o el polipropileno, ofrecen propiedades similares frente a la humedad y se secan más rápido, aunque no controlan los olores tan bien. Por el contrario, hay que evitar el algodón, ya que absorbe la humedad y la adhiere a la piel; en un telesilla, cuando hace frío tras un descenso, esta sensación se vuelve rápidamente incómoda.
Te recomendamos llevar dos conjuntos para tener siempre uno seco listo para la mañana siguiente.
Capa intermedia
Esta es la capa que retiene el calor entre la capa base y la capa exterior. Un forro polar es ideal para los días más templados o para cuando se esquía de forma intensiva. Una chaqueta ligera de plumas o con aislamiento sintético es la mejor opción cuando las temperaturas bajan muy por debajo de 0 °C o si pasas más tiempo en los remontes que en movimiento. Llevar ambas opciones te permite adaptarte con facilidad a las condiciones.
Capa exterior
La chaqueta, el pantalón o el mono de esquí debe ser, ante todo, impermeable y transpirable. Una chaqueta gruesa y muy aislante puede parecer la mejor opción, pero en la montaña suele sobrecalentarte durante la actividad y no te da suficiente calor en los momentos de reposo, ya que impide que el sistema de capas funcione correctamente. Por el contrario, una buena capa exterior protege del viento y la humedad y, al mismo tiempo, permite que se escape el exceso de calor.
Accesorios
Las manos, los pies y el cuello son las primeras partes del cuerpo en enfriarse. Si no están bien protegidos, resulta mucho más difícil conservar el calor. También, las botas de esquí pueden generar puntos de presión en la espinilla y el gemelo, sobre todo tras varias horas en las pistas, por lo que unos buenos calcetines y algo de protección adicional marcan la diferencia. Cuidar estos detalles puede ser clave para disfrutar plenamente de la jornada en la montaña, en lugar de tener que volver antes de lo previsto.
2 pares de guantes: unos finos para momentos más suaves y otros impermeables y aislantes para el resto
Braga de cuello de lana merina: más práctica que una bufanda típica, se mantiene en su sitio y ocupa poco espacio
Gorro cálido: lo suficientemente ligero como para llevarlo cómodamente bajo el casco
Calcetines de esquí: acolchados en la espinilla y el gemelo para reducir la presión de la bota, en lana merina o mezcla de lana para mayor calidez
Protectores de espinilla o gemelo acolchados: opcionales pero útiles para días largos o botas más rígidas